María Gallar Sánchez

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10 cosas absolutamente maravillosas de servir como voluntaria

Autora: María Gallar Sánchez, VNU Especialista en Bolivia

El voluntariado no es tan sólo una oportunidad para los más jóvenes de apoyar el trabajo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o de “meter la cabeza” en el sistema. Para quienes ya llevamos algunos años trabajando en la ONU – en distintos lugares y con distintas modalidades de contrato- el voluntariado es una experiencia enriquecedora a la que llegas con un bagaje previo y en la que nunca dejas de aprender.

Durante seis meses he servido en la oficina del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Bolivia como responsable de movilización de recursos. A continuación, una lista de 10 cosas absolutamente maravillosas que me ha aportado esta vivencia:

  1. Vivir en un país donde se habla algo parecido a mi idioma: Mi léxico ha contribuido al entretenimiento de mis compañeros y compañeras, que “son la hostia”.
  2. Inaugurar una infraestructura: En una misión a Entre Ríos (Tarija) el alcalde me invitó a cortar la cinta de una planta deshidratadora. Gracias a esta maquinaria, los alimentos de los pequeños productores de la zona se conservarán mejor y por más tiempo.
  3. Hacer reír a niños y niñas guaraníes: Durante una sesión de fotografías para una campaña de comunicación, tuve que hacer bastantes payasadas para que los estudiantes de la escuela primaria de Cahuarina (Tarija) perdieran su timidez.
  4. Comer barritas de quinoa con chocolate: Las integrantes de una asociación de mujeres emprendedoras de Ucumasi (Oruro) me dieron a degustar esta delicatesen que, gracias al apoyo del PMA, venden a los programas de alimentación escolar de varios municipios cercanos.
  5. Bailar morenada: En una misión junto a representantes de delegaciones diplomáticas a Oruro, el Gobernador y su equipo nos hicieron mover el esqueleto para darnos la bienvenida.
  6. Almorzar con estudiantes de primaria: Las comidas escolares que reciben estos niños se cocinan utilizando productos locales como el charque, la arveja, la miel o el maní. ¡Para chuparse los dedos!
  7. Conocer un desierto de sal: Perdidos en el coche mientras visitábamos escuelas en Oruro, nos adentramos en un desierto de sal. En este terreno baldío, las mujeres y hombres sufren cada vez más los efectos del cambio climático.
  8. Compartir un tantawawa con mis compañeros y compañeras voluntarios: Para celebrar el día de difuntos, cociné un tantawawa (pan moldeado y adornado con forma de niño) que saboreamos durante una reunión de equipo.
  9. Recaudar “plata”: Hasta ahora siempre había recaudado fondos.
  10. Pensar en el futuro: La elaboración del programa estratégico del PMA Bolivia para los próximos cinco años ha sido un ejercicio participativo entre socios de desarrollo, agencias de Naciones Unidas, ONGs y sector privado. Esto surgió del reconocimiento de que sólo podemos erradicar el hambre si trabajamos unidos.

La lista podría ser más larga, pero lo dejaremos ahí: la labor de voluntaria se disfruta mucho.